Vive lo que Amas Hacer: ¡Es Posible!

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¿Qué harías para perseguir tu sueño? O mejor dicho, ¿que serías capaz de modificar para alcanzar  lo que quieres?

La respuesta tiene que ver con dos acciones: vencer el miedo, la culpa, si fuese el caso,  sacudírtelos e ir por lo tuyo.

Sentir y vencer estos dos sentimientos en nuestra vida requiere coraje, decisión  y valentía. Son dos barreras que nos mantienen alejados de lo que queremos lograr. Y es difícil porque la sociedad los utiliza para manipular nuestras decisiones, cómo nos sentimos con nosotros mismos y con los demás. La religión, la política y el gobierno ha utilizado estos dos métodos desde el inicio de los tiempos para poder convencer a los ciudadanos hasta llevarlos a decidir según lo que desean que hagamos o no hagamos.

Este comportamiento está ya en nuestro ADN por siglos. La buena noticia es que pensar lógicamente y con compasión hacia nosotros mismos nos ayudará a ir viendo la vida desde otra perspectiva.

Ahora pregúntate, ¿qué harías si no sintieras miedo? Y no me refiero al miedo de cuando tu vida está en peligro inminente. Me refiero al temor que surge en nuestra mente por situaciones que ni siquiera han ocurrido.

A ver, ¿qué decisión tomarías, donde estarías, qué rumbo tu vida llevaría?  

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Les cuento desde mi perspectiva y experiencia:

Si me hubiese dejado llevar por el miedo, aún estaría trabajando 12 horas en una sala de Redacción y me hubiese perdido de vivir experiencias positivas en mi vida como  llevar un estilo de vida saludable, gozar de buena salud, tener una práctica privada, viajar y vivir a plenitud.

La decisión de abandonar un trabajo “estable”  con un salario holgado por perseguir lo que sentí era mi vocación me tomó un tiempo. En mi caso, siempre me llamó la atención la salud y el bienestar pero desde la perspectiva natural, no con medicamentos. Esa atracción me motivó a estudiar terapia del masaje mientras trabajaba en la Redacción. Luego de encontrar una escuela que me permitía estudiar los fines de semana, decidí que haría el sacrificio por 12 meses para obtener el título. Y así lo hice.

Alcanzar esa meta requirió ajustes de mi parte a la ya sobrecargada agenda: estudiar en cada tiempo disponible que tuviese y dedicar horas a la semana para cumplir con los laboratorios, lo que tuvo como consecuencia la cancelación de las salidas y los jangueos los fines de semana.

Una vez recibí el título de terapeuta, continué trabajando sin descanso en la Redacción para  acumular vacaciones de uno y dos meses. Ese tiempo de ocio anual decidí dedicarlo a estudiar técnicas para el manejo del dolor en otros lugares del mundo. Así llegué  hasta Tailandia y posteriormente Hawai.

Fue en Hawai, en un atardecer mirando al mar donde decidí que había llegado el momento de cambiar de carrera y de vivir como quería, cuidando mi salud y la de los otros. Lo importante era que si quería dedicarme a la salud y al bienestar tenía que dar el ejemplo: no podía enseñar a otros como cuidarse si yo misma no sabía como hacerlo. Fue cuando comenzó el verdadero cambio en mi vida: opté por una nutrición saludable, practico ejercicios diariamente aunque sea 10 minutos y yoga, disciplino mi mente y emociones mediante la meditación y procuro dormir de 7 a 8 horas.

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Mientras, ahorré algo de dinero, renuncié al trabajo, eché la mesa de masaje en el baúl de mi auto, activé mis redes de contacto, me anuncié en revistas de salud, abrí un Fan Page en Facebook y le puse todo mi empeño. A eso le complementé trabajar en un spa a tiempo parcial para seguir ahorrando dinero. Luego tuve la oportunidad de alquilar un espacio y dejé de visitar a domicilio, lo que me ahorro mucho tiempo y gasolina. Hasta que decidí lanzarme completamente en mi práctica privada.

Y ¡no me arrepiento! Conozco gente maravillosa, a quienes ayudo a  sentirse mejor y a tener un estilo de vida que los ayude a vencer el dolor. Esta meta es posible siempre y cuando pongan de su parte. Han visto resultados positivos en su vida y me han recomendado a otras personas.

Los cambios en la vida no tienen que ser drásticos. Pueden ser decisiones que modifiquen tu salud para bien. Esto fue lo que hice:

  1. Analicé qué quería hacer en mi vida y por qué. Mi visualicé viviendo y dedicando mi vida a lo que deseaba y evalué cómo me hizo sentir esa visualización.
  2. Una vez tomada la decisión comencé a ahorrar dinero, todo lo que pude: me asigné un presupuesto de jangueo y era más consciente de en qué quería utilizar dinero adicional y por qué.
  3. Consulté con un analista financiero y con un CPA mis planes para el futuro. Ambos me enseñaron un plan de ahorros y gastos de corto, mediano y largo plazo por los primeros tres años. Ese fue el tiempo estimado para vivir utilizando mis ahorros, antes de lanzarme a mi práctica privada y comenzar a generar ingresos.
  4. Continué invirtiendo en mi educación continua y viajes de aprendizaje para maximizar mis conocimientos y mi especialización de manejo del dolor, lo que me permitió crear un programa de tratamientos único y personalizado según la necesidad de cada cliente.
  5. Cuando sentía miedo, me detenía, respiraba, pensaba y evaluaba qué era más intenso: el miedo o el deseo de seguir adelante. Y siempre lo segundo se dejaba sentir más, por eso siempre continúo.
  6. Siempre consulté con profesionales de vasta experiencia que me pudieran ayudar en mis momentos de dudas. Su sabiduría me ayudó a tomar grandes decisiones informadas que me permiten crecer y querer superarme cada día, a mi ritmo, haciendo lo que amo, cuidándome y ayudando a los demás.
  7. Mis días los vivo con intensidad, paz, amor y compasión. Esto te permite tener una vida como has deseado. ¡Es posible!


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