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January 28, 2023 4 min read

Hola amig@s 


Estuve un tiempo desconectada. Todo está bien. 

¿Recuerdan que estuve tomando clases de Broadway Jazz en el Conservatorio de Música de Puerto Rico? Participé en el musical que presentan al final del semestre. 

Bailé tres coreografías y tuve una maravillosa experiencia con niños y jóvenes muy talentosos que cantaron, bailaron y actuaron extraordinariamente bien. Formar parte de un musical era lo único que me faltaba en la lista de deseos que tenía. Ya he bailado en conciertos, videos musicales y una película de Hollywood. Solo me faltaba participar en un musical y ya con mi presentación en el Conservatorio con los demás estudiantes, me sentía feliz, plena y satisfecha.  

La última noche de la presentación mi maestro, director, y coreógrafo del musical, Marcelino Alcalá  me hizo una oferta de empleo para participar en una zarzuela “La corte de Faraón” que se presentaría a mediados de enero. 

Mi reacción fue cuestionarlo: “¿estás seguro? Yo comencé a tomar las clases contigo en verano. No bailo ballet. Y su respuesta fue “no es ballet y estoy seguro que tienes lo que necesitas para poder hacerlo bien”. Mi respuesta fue agradecerle la oportunidad, independientemente del resultado e incluso si a mitad de ensayos se percataba de que no daba el grado para lo que él quería. 

Confieso que ese acercamiento fue una sorpresa, totalmente  inesperado. Llegué a mi casa y estaba en shock. Entonces recordé que las otras dos bailarinas eran expertas veteranas en ballet. Ahí me horroricé. No quiero hacer quedar mal a mi maestro, tampoco quiero quedar mal yo. 

El síndrome del impostor se apoderó de mí. 


¿Qué es el síndrome del impostor? 

Según la psicología, el síndrome del impostor es un problema neuropsicológico que podemos sufrir los seres humanos y que también se conoce bajo los términos “fenómeno del impostor” o “síndrome del fraude”. Las personas que lo sufren suelen caracterizarse por sentirse insuficientes con todo aquello que hacen, por lo que esto desemboca en tener el constante miedo de que otras personas piensen que mienten. 

Cuando recibí la oferta, no me sentí merecedora. Pensé que había otras personas más capacitadas y talentosas. Sin embargo, el director, quien cuenta con más de 40 años de experiencia en el mundo del espectáculo, me eligió. 

Creo que a todos nos ha pasado al menos en algún momento en nuestras vidas. Sentirnos que no estamos capacitados, que no damos el grado o que alguien puede hacer la tarea mejor que nosotros. 

La verdad es que bailo desde que tengo 9 años de edad. Aunque mi entrenamiento formal en baile lo comencé en Ballet Concierto de Puerto Rico cuando tenía 18 años, ya estaba “pasadita de edad ” para aprender ballet básico porque muchos comienzan a estudiarlo a la edad de 3 años. 

Luego en mi vida universitaria recibí entrenamiento de danza experimental, danza folklórica internacional. Ya entrados mis 20 años me entrené en bailes de salón (ballroom dance) y los últimos 14 años de mi vida los he dedicado a la salsa. 

Como ven, sí tengo experiencia en baile, también a nivel artístico profesional pero no en jazz. Así que la oportunidad me llenaba de felicidad e ilusión  a la misma vez que me aterraba. 

Confieso que dediqué innumerables horas ensayando y practicando en mi hogar. Eran pocos días de ensayo junto al elenco  antes de la puesta en escena, por lo que era un trabajo que debía hacer de manera independiente. 

Me aseguré de tener todo lo necesario para poder prepararme. Para eso contacté a mi nutricionista para indicarle mi situación, además de que quería marcar mis abdominales y quería nutrirme bien para tener la energía necesaria para los ensayos. 

Practicaba en mi hogar mañana, tarde y noche cuando no estaba ensayando ni trabajando. Dediqué cuerpo, alma y corazón para que saliera bien, aun sabiendo que estaba en desventaja. Cada ensayo con el elenco de la zarzuela era de 4 horas. 

Puedo decir que el síndrome del impostor lo tomé a mi favor. Decidí esforzarme y dar todo de mí para poder estar a la altura de la situación. Pedí mucha iluminación a Dios, al Universo, a la Vida que me permitiera enfocarme, tener buena salud y así poder tener un gran desempeño en las dos funciones programadas. 

Las noches previas a las funciones apenas dormía. Una mezcla de emoción, susto e ilusión se apoderaba de mis pensamientos, de mis emociones y de mis horas de sueño. 

La meditación y los ejercicios de respiración me ayudaron mucho a traer la mente donde estaba el cuerpo. Así evitaba que surgieran infinidad de pensamientos y que diera por cierto todo lo que me pasaba por la cabeza. 

Las funciones fluyeron muy bien. Cada cual hizo su parte. Todos dimos nuestro máximo. El público se rió, aplaudió, cantó y se marchó complacido. Fue un éxito. 

Sentí un gran alivio cuando escuché las palabras de mi maestro. Me dijo  “Felicidades, excelente trabajo, estoy orgulloso de ti.  Sabía que lo podías hacer, no lo dudé. Sigue adelante”. Frente a mis colegas y a mi maestro estuve feliz, agradecida. 

Cuando llegué a casa me desplomé de rodillas y lloré. Eran lágrimas de felicidad, de agradecimiento. Di gracias a Dios, a la vida, al Universo, por estar ahí para mí y no abandonarme. 

Que vengan muchas más, que estoy lista para seguir viviendo y aprendiendo. 

Por esta experiencia y por todo lo aprendido, gracias, gracias, gracias.


Cuidarte es quererte 

 













Yami Otero
Yami Otero


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Lo único que tenía a la mano en el momento era alcohol porque debía entrar a clase. Lo apliqué y me fui a danzar.